Cuántas veces habremos oído la cantinela de que el Real Madrid no conoce la palabra conformismo y que siempre sale a ganar porque está en su ADN... Y reconozco que había sido así en sus más de cien años de existencia. Soflamas del tipo, ¡Esta noche remontada!, o eslóganes alusivos 'al miedo escénico', 'el espíritu de Juanito' o 'el clavo ardiendo', forman parte ya del vocabulario clásico del buen madridista. Es verdad que en el Madrid nunca daban un partido por perdido. El hecho de no ganar la Liga, y mucho menos pasarse un año en blanco sin llevar ningún trofeo a sus vitrinas, siempre era considerado un desastre, un cataclismo y un borrón para su hoja de servicios. Por eso, cuando el sábado pasado celebraba un empate a uno al final del partido, jugando de inicio con siete defensas ante su eterno rival, tuve que pellizcarme porque no daba crédito a lo que estaba viendo. Los inconformistas, los del mejor equipo del mundo, ¡esos del gen ganador! El madridismo se congratulaba del empate ante los culés como si hubiesen ganado la décima, aunque realmente esas tablas inclinarán la Liga para el equipo catalán de forma casi definitiva.
Pero el gol de Cristiano y los últimos minutos en los que cercaron tímidamente a un Barcelona que no se empleó a fondo en ningún momento del partido parecen darles esperanzas para la final de Copa. Embriagados con una pócima cocinada por Marca y AS, al estilo del mejor druida, los blancos se presentan en Valencia como corderos con piel de lobo, como el equipo que desde la humildad va a bajarle los humos a Messi y compañía. Les arrebatarán la Copa y les dejarán tocados para la semifinal de Champions, en la que, por supuesto, siempre según ellos, son los favoritos.
Don Alfredo Di Stéfano, que para los merengues es el espejo donde mirarse, ha declarado que el Barcelona es un equipo que hace un fútbol que no se ve con los ojos sino con el alma. En cuanto a su Madrid, confiesa que "fue un equipo sin personalidad. Este partido deberá dar las pautas para saber cómo afrontar el próximo, porque el planteamiento de intentar jugar al Barcelona a la contra se vio claramente que no es el más adecuado".
Esta ola de euforia desmedida parece más de equipo pequeño que del club más laureado del mundo. El que se conforma con poco, normalmente se queda sin nada. Esperemos que esto no ocurra, sobre todo por no aguantar a los Indas y los Ronceros de turno justificando lo injustificable.
Pero si se pierde, tampoco pasa nada, ya estará Mou para decir que la culpa fue del árbitro, del césped, del tiempo o del cha-cha-cha. Todo ello, siempre y cuando sea él quien salga en rueda de prensa y no le dé por mandar a su segundo a los leones.