Nunca he visto el partido completo, y sin embargo soy capaz de cerrar mis ojos e imaginarme cómo se desarrolló el mejor encuentro de la historia de los Mundiales. Fue la única vez que la Copa del Mundo no concluyó con una final, pero el insospechado desenlace hizo que sea recordada como la más dramática de todas las disputadas. Por una extraña decisión de la FIFA (afortunadamente nunca más repitieron esa absurda modalidad), aquel campeonato se disputó en formato de liguilla entre los cuatro mejores de la competición. El vencedor de ese mini-torneo saldría campeón.
A la última jornada, la anfitriona Brasil llegaba con la ventaja suficiente como para que un simple empate le otorgara su primer campeonato mundial. Su rival, Uruguay, saltó al césped de Maracaná a sufrir la derrota más esperada. Nada más comenzar el segundo tiempo, Friaça adelantó a los locales. En aquel momento, el capitán uruguayo Obdulio el jefe negro Varela recogió el balón de la red y se dirigió al juez de línea a reclamar un inexistente fuera de juego. Fueron pasando los minutos y el negro consiguió que bajara a la cancha un traductor que le ayudara en su discusión con el árbitro de nacionalidad inglesa. El tanto subió al marcador, pero Varela ya había cumplido su objetivo: los jugadores brasileños malgastaron su momento de euforia en asistir a la actuación de Varela, mientras la asombrada torcida se fue silenciando poco a poco tras los iniciales festejos por el gol.
Luego vendrían los goles de los delanteros charrúas Schiaffino y Ghiggia, la sorpresa generalizada (la propia FIFA no había previsto tal desenlace y ni siquiera tenía preparada una versión del himno uruguayo), la entrega de la copa a escondidas, los penosos suicidios de muchos incrédulos hinchas locales, las 24 horas que pasó escondido en Maracaná el seleccionador brasileño Flavio Costa (finalmente pudo abandonar el estadio vestido de mujer), y el destierro definitivo de aquella camiseta blanca que fue inmediatamente sustituida por la indumentaria verde-amarela que los creadores del fútbol-samba han lucido hasta nuestros días.
En su obra Caballo de Troya, el escritor J.J. Benítez nos cuenta la historia de unos científicos norteamericanos que descubrieron una máquina para viajar en el tiempo. Cuando fueron a probarla barajaron opciones muy seductoras, como trasladarse hasta 1775 y vivir la Guerra de la Independencia de los Estados Unidos, o volver a 1492 para embarcarse con Colón en una de sus carabelas en busca del Nuevo Mundo. Finalmente, los investigadores se decantaron por regresar hasta el año 33 y conocer en persona a Jesús de Nazaret. Si los yankees me dejan un solo día con la maquinita, yo le pediré que me traslade al Estadio Maracaná de Río de Janeiro aquel 16 de julio de 1950 y me permita ver al fin el partido de mis sueños.
Los futbolistas mundialistas se quejan ahora de las características de esa pelota pero si entrenan con ella deberían dominarla. Y cualquier balón que asegure más goles (tontos o no), a mi me vale.
También hay que tener en cuenta que Italia acabó jugando contra Brasil y Argentina al quedar segunda de su grupo (y gracias). Imagino que los organizadores preveían que los azurri iban a pasar como primeros, pero al no ser así, al final en Sarrià acabaron tres de los campeones del mundo que aspiraban al triunfo final.
¿Por qué el grupo de Bélgica - Polonia jugó en el Camp Nou y el de Argentina-Brasil-Italia en Sarriá?.
Chendo se ratificó, posteriormente en esas declaraciones, aunque matizó que "lo que me sabe mal es que un equipo español gane esa copa para unos aficionados que no se sienten españoles". "En ningún momento", añadió, "me he referido a los jugadores del Barcelona ni al equipo, sino a un sector de la afición".
Lo de Villa nos cabreó mucho, es un error gravísimo. Por otro lado, un acierto lo de Llorente, ya que esperábamos que saliera en esos últimos minutos cuando estuviéramos a punto de caer eliminados. Queiroz (el guapo que habla idiomas) perdió con el feo charro de Del Bosque. Ni idea de fútbol el portugués. Que se lo apunte Floren. Sí, es verdad que no ha tenido a Rui Costa, Luis Figo y algún otro de los que disfrutó Scolari, pero es injustificable lo que ha hecho con esa selección.
Aparte de lo que habéis dicho, destacar a Capdevila, que quedó con todos los de la selección portuguesa para después del partido, je, je...
En cualquier caso, hay que analizar lo malo más que lo bueno: la lentitud de la primera parte por falta de desmarques es para preocuparse contra los grandes. Que lo estudien y no se centren en celebrar. Paraguay es un equipo rocoso, ¡cuidadín!
Ramos se mereció el gol. Soy al primero a quien no le gustan determinadas cositas que hace como el auto-tacón, pero parece que ha vuelto el gran Sergio del año la Liga de Capello.
Ayer volvimos al toque favorecidos por un equipo que se dedicó a esperarnos, pero sigo echando de menos más llegadas, más apoyos en ataque. La primera parte fue muy pobre. Gracias a Villa, que está jugando un Mundial de balón de oro, bota de esmeralda y borceguíes de rubíes. Inconmensurable Villa y maravilloso Sergio Ramos. Estos días de Mundial no oigo a los antiRamos hablar mucho del sevillano.
Pero ver como Corea le domina el centro del campo a una pentacampeona del mundo...es sin duda fiel reflejo de la pasividad brasileña...y en varios momentos del partido asi ocurrió.
Espero impaciente tu próximo viaje en la maquina del tiempo.
Uruguayo, Uruguayo….