A propósito de Iker Casillas y su novia Sara Carbonero, y por no quedar al margen y por miedo al qué dirán, me meto en el fregado de lleno. Y lo hago con temor y desde el respeto, que diría José Mota. Enamorarse es una cosa bella. Nos pasa a todos. Estás ahí, tomándote tu copita y de repente aparece una mujer. Y no una cualquiera. Es guapa, sexy, llamativa, en apariencia interesante y sin defectos visibles. Y llega tu momento, que no suele corresponderse con el suyo. Y te dices, ¡ahí va la mujer de vida!, que, por aquellas cosas del destino, suele ir acompañada del hombre de la suya. Total, que te vas a casa y ves fútbol por la tele si lo hay. Si no, a dormir que ya se pasará.
Pues, fíjense, nada de eso le ha sucedido a Casillas. Porque, no nos engañemos, los futbolistas son como imanes. No hay nevera que se les resista. Se conocieron en la Copa Confederaciones y ahí empezó todo. Es amor, y ni Iker ni Sara se pararon a pensar en las consecuencias. Aquello de no mezclar trabajo con amor es reflexión para los mortales, pero no para ambos. Y así estamos, enamorados y perjudicados profesionalmente. Iker vive con la tentación en la banda y Sara sufre las ansias de su cadena por explotar algo más que la primicia del Mundial. Complicada situación que trasciende a cualquier tertulia y que, incluso, ha metido por medio al presidente de la Asociación de la Prensa de Madrid, por no hablar de Rajoy. Fernando González Urbaneja acusa a Telecinco de "ejemplo de malversación de los valores del periodismo en una televisión" por el asunto de su reportera Sara Carbonero. Y Urbaneja, persona sensata y cabal, con carta o sin ella, clama en el desierto de la ética y los valores.
El amor no conoce barreras y menos para Telecinco. No se ha visto en otra igual. Los trabajos de prospección no van a parar. Como suelen decir nuestros mayores, "lo malo no es enamorarse; lo malo es hacerlo de la persona equivocada". Y menos si está Telecinco5 por medio. ¡Sálvate, Casillas!
Tampoco hay que entrar en lo que hubiera dicho el Marca si el protagonista del romance hubiera sido otro. Me parece que este rollito de Casillas es malísimo para la selección.
Y por supuesto, Larissa es lo mejor que ha parido madre... ¡¡¡guay del Paraguay!!!
Yo me quedo con el juicio sobre Luis Aragonés de todos los internacionales. El propio Fernando Torres ha dicho que Aragonés tiene derecho hablar de lo que quiera. ¡Pero si no existe un solo jugador que no tenga a Luis en un altar! Es un tío que va de cara y nunca dice nada fuera del vestuario que no haya comentado antes a los propios profesionales. Y ése es el comportamiento que más aprecia un futbolista.
De todas formas, a mi no me llama la atención la tal Sara con apellido minero. No al menos desde que he visto a Larissa Riquelme. ¡¡¡Ah, Paraguay merece ganar el Mundial!!!. Yo ya no soy de la roja, soy de Larissa:
http://elcomercio.pe/noticia/500127/fotos-larissa-riquelme-cabeza-mujeres-paraguayas-celebraron-clasificacion-su-pais
No creo que la tranquilidad y el porte normalmente educado del entrenador charro deban excluirle de lidiar con la crítica padecida por los anteriores seleccionadores.
De hecho, si hoy se pierde contra Chile, Del Bosque merece el despido... ¡así de claro! Su trabajo consiste en tener una selección bien preparada tácticay físicamente el día D a la hora H.
Nadie había recordado a Luis hasta el día de Suiza, y ahora resulta que hay unos cuantos periodistas que están más pendientes de lo que dice Aragonés que del propio Del Bosque. Eso es lo que me parece mal, un detalle muy feo.
Urbaneja no me gusta como periodista. Llegó a ser presentador de un noticiero televisivo con más pena que gloria y sus diagnósticos de la enconomía eran un auténtico tostón. Es un personaje que está ahí puesto a dedo, de presidente de algo, con lo cual se ve obligado a dar muestras de su existencia de vez en cuando.
En España tenemos otra cultura diferente a la anglosajona, tan pendiente siempre de los líos de faldas. Gracias a Dios, aquí hay libertad para estar con quien le apetezca a uno sin tener que dar explicaciones a nadie. Si Casillas dejase de parar por su relación con Sara, entonces Del Bosque debería actuar. En caso contrario, ¿a quién le importa que Iker y la Carbonero se prodiguen arrumacos, más allá de la lógica envidia que como hombres podamos sentir? Odio el puritanismo estúpido.
Cada uno se enamora de quien le da la gana. Ya sólo falta que uno se tenga que enamorar de quien diga Urbaneja.