España 2 - Honduras 0. Bien está lo que bien acaba. Hemos podido meter un carro de goles, pero el desacierto de cara a puerta nos ha condenado a un resultado corto que nos obliga a vencer a Chile, y además, mirar con el rabillo del ojo lo que hacen nuestros verdugos suizos ante los hondureños. Con el miedito que llevábamos encima, por qué no decirlo, esta victoria nos da un poso de tranquilidad y nos mantiene con opciones.
A pesar de todo, no habrá aficionado español al que no le haya quedado un regusto agridulce por la infinidad de ocasiones falladas. Los de Del Bosque han podido dar un puñetazo encima de la mesa y demostrar que el traspié ante los helvéticos fue un accidente, que el equipo sigue enchufado y que el sueño de alzar la Copa del Mundo no es una quimera. Sin embargo, el choque contra los centroamericanos nos ha mostrado a una selección timorata ante el arco, muy fallona, carente de chispa y de esa mala leche que se le supone a todo conjunto ganador.
Bien haría el míster en programar antes del viernes unos cuantos entrenamientos en los que practicar el remate a portería. Porque ante Chile nos jugamos todo un partido de dieciseisavos de final: el que gane sigue en la lucha; el que palme, se vuelve a casa. El gol cotizará alto en el duelo entre las Rojas. Y no es que andemos últimamente demasiado bollantes de liquidez en ese mercado.
Todo sin chispa, movimientos lentos, de patio de recreo. LLegamos al area y nos ponemos a vacilarles hasta que la perdemos, mientras Piqué se deja la vida atrás, que a este paso va a terminar vendado hasta la cabeza.