Hasta que esta tarde la Roja nos devuelva a la euforia o nos sumerjamos en peligrosas honduras por algún milagro de Honduras, el mundial lo está protagonizando la selección bleu. Esperpéntico, humillante... Los malos resultados se podrán justificar con malas tácticas, mala suerte, jugadores en mala forma, lesiones en mala hora, incluso malos rollitos en el vestuario. Pero un motín de jugadores en pleno Mundial no es un motín contra un entrenador o contra una federación. Es un motín contra una afición y contra un país. Tan grave que incluso ya no sirve reflexionar sobre lo que hubiera sucedido hasta llegar a este punto, máxime cuando el seleccionador ya tiene anunciado sustituto al finalizar el Mundial y no parece lógico buscar su destitución en este punto, a pesar de que desde fuera de la selección y de la Federación Francesa, personajes relevantes continúen dando testarazos contra lo que hay, demostrando de nuevo mala cabeza.
Llegados a esta situación, solo cabe cesar de inmediato al seleccionador, no por ser el malo, sino por no saber mantener un grupo sin malos. Y afrontar lo que quede del Mundial con la mínima jerarquía y disciplina para llegar al menos a la eliminación en la primera fase sin más ridículos egoístas. De otro modo, y con Francia clasificada para siguientes rondas, el cuaderno de bitácora del Mundial será el del barco a la deriva de la subcampeona del mundo.
¿Y después del mundial? ¿Debería buscar Blanc otros 23 jugadores? ¿Perdonará la afición a alguno de ellos? No me cabe duda de que, para ese momento, los jugadores mirarán los unos para los otros y el único sacrificio será el de Anelka.
Y en la Roja, ¿podríamos encontrarnos alguna situación parecida? No lo creo mientras exista la unión en el equipo y el seleccionador siga sabiendo hacer grupo. De seleccionadores maestros en hacer piña en el grupo cuando la selección es débil, tenemos bastantes muestras: primero Clemente, que soportó la peor campaña mediática que ha habido en el deporte español y solo por un puñado de oyentes más a las 12 de la noche. Hasta el campeón Luis Aragonés, constantemente cesado de nuevo por otra campaña mediática que utilizó a un jugador para embestir al seleccionador y a la selección. Esa sigue siendo nuestra ventaja. Podríamos hacer el ridículo de perder el partido de esta noche, pero el peor ridículo, el de no querer jugar no se dará en la Roja.
PS. Hoy ganaremos.